Fuego en Saint-Jovite

2013-10-08 11.54.51Me cuentan la historia, pero la historia no está escrita en las paredes que cuentan la historia.
La historia que me cuentan dice que nadie quería quedarse en Saint-Jovite.
Se quedaban los meses de primavera, los de verano. Se iban cuando las temperaturas bajaban de cero, se instalaban en Nueva Inglaterra y allí se establecían.
Las bondades y las maldades del clima.
Antoine Labelle era el párroco y no encontraba manera de retener a la gente en la zona.
Insistía, pero el esfuerzo era inútil.
Hasta el incendio.
Cuentan -me cuentan- que el incendio fue en 1867 y que arrasó con los bosques.
Y que Antoine Labelle reunió a la poca gente que quedaba y que se preparaba para dejar el lugar definitivamente y que les habló de una señal: la tierra había sido arrasada para instalar un pueblo y había que empezar por emplazar la iglesia.
Debe haber sido contundente porque logró que se quedaran.
O bien aquello de que las señales divinas siempre han tenido buena prensa.
La iglesia, que fue levantada en 1869, tiene un museo que honra a Labelle y a los pioneros: no menciona el episodio del fuego y la arenga del cura.
El pueblo, hoy, es próspero.
Cuando pregunto de qué vive esa gente me responden: droga.
Insisto y se ríen, no contestan.
Tiene un cementerio apartado, que se parece en su disposición al de Sainte-Agathe-des-Monts y que visito a la salida.
No encuentro ninguna lápida de alguien que haya vivido menos de ochenta años.
Señales, dicen.

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