Santa Rita de Todos los Muertos

De chica me confundía el Día de Todos los Santos con el de Todos los Muertos. Mi abuela, devota del santoral y de las visitas al cementerio, los esperaba casi como una novia y yo nunca sabía bien cuál era cuál, aunque ella tenía una explicación que rezaba que primero los santos porque no todos los muertos son santos, y recién después todos los muertos. Los santos y los del montón. Los santos tenían dos días seguidos, en su versión. O algo así.

También era devota de las plantas, mi abuela. Tenía un jardín en un patio alargado, casi de pasillo, al que le gustaba llamar “el bosquecito” donde le crecía casi todo. Mi preferido era el cedrón, con el que me dejaba perfumarme las manos a la tarde, las lantanas, que florecían durante el verano. Y la Santa Rita. Algo te da, algo te quita, repetía mientras la regaba, apenas se levantaba.

Mi Santa Rita de adulta vino conmigo cuando dejé mi casa de casada, hace casi tres años. La había comprado en la ruta, en un viaje de vuelta de Entre Ríos y nunca me había dado el gusto de florecer. En el departamento en el que estuve los primeros meses mantuvo sus hojas de siempre, como si nada, sin innovar; en la casa a la que me mudé después se apestó de pulgón y se salvó con los venenos que le administró con vehemencia mi amigo Rafael cuando yo estaba de vacaciones. Cuando decidí mudarme por tercera vez, este julio, pedí una tijera de podar y me deshice de muchas de sus ramas, anárquicas, casi sin hojas y llenas de espinas. Resistía, igual, la Santa Rita, mientras a mí se me secaban azaleas, jazmines y hasta cactus.

En la nueva terraza se llenó de hojas y perdió las espinas, una especie de mutación insólita que terminó con una explosión de flores rojas, que descubrí esta mañana debajo de la lluvia y del frío de esta primavera extraña.

Tengo una madre muerta y un padre muerto. Tengo un hijo muerto. Me gusta cuando consigo hablar de ellos sin reverencia, como muertos y no como santos.

Algo te da, algo te quita: Flores rojas de Santa Rita para el día de Todos los Muertos.

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Tronador – Pasteur 8.22 AM

Hay una canción vieja2015-08-25 13.03.51-1
que suena en mis auriculares
en repeat.
Una mujer que se maquilla
mal.
Un pibe que lee Kafka
una pareja que se besa
mientras las estaciones pasan
y una nena chiquita
con las uñas pintadas
y el esmalte saltado.
Hay una víspera
que también suena
en repeat.
Un viejo que tose
sobre la manga del saco
y entre muchos pies
unos zapatos altos
de charol.
Hay un chico con la mochila colgada
que saca del bolsillo
pañuelos de papel
y me da uno.