Catoptromancia y espejos rotos

2013-08-06 10.16.13

Espejo roto de botiquín, apoyado contra un árbol en Córdoba y Gascón

Lo veo.
Está apoyado contra un árbol, en Córdoba, casi esquina Gascón.
Lo veo porque es difícil, pienso, no ver un espejo.
Está roto, con un corte extraño que forma una especie de cuadrado en el ángulo superior derecho.
La imagen me recuerda otra, muy antigua: la de la vidriería inmensa al lado del edificio en el que viví hasta los seis años, donde solían aparecer espejos partidos a los costados de la puerta de acceso.
Lo de los siete años de mala suerte lo aprendí en algún momento de esa época.
Supersitciones, decía mi madre, de cuya boca escuché la historia.
¿Por qué siete?
Porque son siete.
Pero no son siete porque sí. Ni siete asociados a los espejos porque sí.
Los espejos, primero en Persia y luego en la Antigua Grecia estaban ligados a la adivinación (conocida como catoptromancia). La lectura del futuro se hacía en cuencos de cristal llenos de agua que, cuando se rompían, auguraban la muerte.
En las interpretaciones más recientes, los siete años refieren a la idea de que el ser humano se reconstituye fisiológicamente en ese lapso, por lo que el inicio de la enfermedad, dolor o mala fortuna empezaría con el quiebre del espejo y se prolongaría por ese tiempo.
No recuerdo, en mi niñez, haber escuchado antídotos para cortar la maldición, pero ya adolescente supe que en el caso de que un espejo se rompiera era fundamental recoger sus partes con la mano izquierda, colocarlo en una bolsa oscura y tirar un vaso de agua por la ventana. O, en las versiones más rurales, enterrarlo, siempre boca abajo, lo más profundo que sea posible.
Cuando tenía veinte años una amiga me ofreció el departamento de su abuela, recién fallecida, para habitar durante unos meses mientras se alquilaba o se vendía. Recuerdo que apenas entramos a la habitación donde la mujer dormía, mi amiga abrió el ropero, sacó una sábana y cubrió completamente el espejo intacto “para que el alma no quede atrapada en el vidrio”.
En todos los casos, hay acuerdo en que no hay nada peor que reflejarse en un espejo roto.
¿Y sacar una foto?
De costado, con cuidado de no aparecer, de ningún modo.
Foto a un espejo roto.
Clic.