Archivos temporales (VI)

2013-09-25 10.48.39Pero Leandro Kühl no viene  el lunes.
Ella llega temprano, antes que todos. Prepara café. Ordena el escritorio. Disfruta de tener que ser saludada y no de tener que besar a uno por uno, como cuando llega un poco más tarde.
Presta atención a las entradas, a la gente que se asoma pero está equivocada de piso, a los desconocidos de siempre que preguntan por Mariela para dejarle una factura o una declaración jurada.
A media mañana alguien avisa que la jefa no viene y el clima se distiende: pasean de un escritorio al otro, bajan a hacer trámites extemporáneos, hablan a los gritos.
Ella se pone los auriculares y trabaja en un texto.
“qué cortada, te pasa algo?”, le salta Facu en la ventanita del chat.
“tengo que terminar un doc”, responde ella.
“venís a fumar después?”
“te aviso.”
Insiste, Facu y a ella la aburre.
Y el día pasa sin jefa y sin que Leandro Kühl aparezca o alguien lo mencione.
Los martes ella llega a la oficina a las 12.
Lo ve apenas atraviesa la división interalas, detrás del escritorio, con la columna a su izquierda.
Debe tener unos cincuenta años y aunque está sentado ella se da cuenta de que es alto.
Vení Ana, que te voy a presentar a Leandro que quiero que trabaje con vos en algunos temas, le dice su jefa apenas la saluda.
Leandro Kühl se levanta de la silla. Se acerca y le sonríe.

Leer Archivos temporales (V)

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Archivos temporales (V)

2013-09-18 15.04.19Ella lee:

De: María Santos <marisantos234@hotmail.com>
A: Leandro Kühl <lekuhl@yahoo.com.ar>
Fecha: 3 de agosto de 2009
Asunto: acá

Leandro:
Yo la miro todos los días. Habla con todos y a mí no me dirige la palabra. El otro día me dijiste que no tengo por qué hacerme cargo pero ¿cómo no verla?
Habla con todos para que yo la escuche.
Llega tarde para que yo la vea entrar. Y después hace todo el despliegue de lo mal que está.
Lo que pasa es que yo ya no sé qué hacer.
A veces me parece que exagera, que actúa. Pero a veces creo que no.
Acá todos la quieren.
A mí no me quieren. Y a vos, Leandro, tampoco te quieren acá.
Yo sí.
Bueno, ella también.
No sé qué hacer.

María

De: María Santos <marisantos234@hotmail.com>
A: Leandro Kühl <lekuhl@yahoo.com.ar>
Fecha: 6 de agosto de 2009
Asunto: estoy

Leandro:
Me quedo hasta las ocho, cuando ya no queda nadie acá en el segundo.
¿Querés bajar?

M.

De: María Santos <marisantos234@hotmail.com>
A: Leandro Kühl <lekuhl@yahoo.com.ar>
Fecha: 10 de agosto de 2009
Asunto: un sueño

Leandro:

Anoche soñé que Julia iba a matarte. Se sacaba la pulsera esa que usa que es como un brazalete y sacaba de ahí una navaja dorada.
Me sonreía y me decía: Adiviná a dónde voy. Y yo entonces la veía caminar hacia la escalera, pero cuando quería seguirla me daba cuenta de que mi silla era una silla de ruedas y estaba trabada.
Quiero verte, Leandro.
¿Cuándo?

María

De: María Santos <marisantos234@hotmail.com>
A: Leandro Kühl <lekuhl@yahoo.com.ar>
Fecha: 11 de agosto de 2009
Asunto: hoy

Leandro:

A las 7 en el de Paso y Córdoba.
Si te retrasás avisame.
María

De: María Santos <marisantos234@hotmail.com>
A: Leandro Kühl <lekuhl@yahoo.com.ar>
Fecha: 12 de agosto de 2009
Asunto: basta

Leandro:

Supongo que ya lo sabés. Hoy lo escuché a Marcos cuando pasaba el pedido de licencia. Licencia por enfermedad de largo tratamiento, escuché que decía. 
¿Ya lo sabés o ya lo sabías?
¿Vos la viste, Leandro? Decime la verdad.
Cuando nos vemos se me nubla todo y no me sale preguntarte nada, no quiero perder el tiempo.
Todo esto no tiene sentido para ninguno.
María

No hay más mails.
¿Ninguno? Tiene la sensación de que había más hojas impresas adentro del folio robado.
Mira la columna y, atrás, el perchero y la ventana.
Mira el escritorio donde desde el lunes se va a sentar Laeandro Kuhl.
Cierra el cajón.

Leer Archivos temporales (IV)

Archivos temporales (IV)

Captura de pantalla 2013-09-14 a la(s) 14.54.53El problema de los cajones vacíos es lo que queda en el fondo.
Y que lo que queda en el fondo queda rápido en el fondo.
Cuando se cumple su primer mes de trabajo ella ya consiguió una computadora más o menos potente, un teléfono para compartir con el escritorio de al lado, una chica que escucha la misma música que ella y que tiene una carpeta de mp3 en el disco compartido y un pibe dispuesto a bajar a comprarle cualquier cosa que se le ocurra: un paquete de galletitas, la bombilla que rompió por segunda vez, una birome roja, que la negra no le gusta para corregir.
Se olvida.
Se olvida y las hojas borrador quedan al fondo del cajón.
El día en que llega el escritorio nuevo ella está batiendo un café instantáneo en la mesita que hace de límite entre las alas A y B.
Ve avanzar a Domingo, el encargado de mantenimiento, adelante y cargando con la parte más pesada y a otro de sus muchachos, cuyo nombre no conoce, al otro lado.
Ubican el escritorio detrás de la columna, exactamente donde estaba el de ella apenas llegó. Miran si hay enchufes cerca.
Ella bate. Bate y mira.
¿Para quién es?, le pregunta a Mariela.
Si viene alguien nuevo, ahora ella sabe bien, la que lo sabe es Mariela.
Mariela levanta la vista del escritorio, se sube los anteojos, se tira el pelo para atrás buscando que Iván la vea.
Un traslado, dice al final. Viene el lunes. Iván la escucha pero no la mira.
¿Para hacer…?, pregunta.
Mariela se baja los lentes y no contesta.
Ey… sigue Iván.
No sé Iván, preguntale a tu jefa. Viene el lunes, estaba trabajando en Viamonte y se llama Leandro Kühl. Y entonces, ahora, ella se acuerda.
Pone agua en la taza. Revuelve.
Se sienta en su escritorio y mira el que quedó en diagonal, en la columna. Abre el cajón y busca hasta encontrar las hojas, abajo de todo.
Alcanza con leer sólo el encabezado:

De: María Santos <marisantos234@hotmail.com>
A: Leandro Kühl <lekuhl@yahoo.com.ar>

Leer Archivos temporales (III)

Archivos temporales (III)

2013-08-30 09.19.05Cambiaron las cosas de lugar, dice, en voz alta la mujer que entra.
No se lo dice a ella, pero ella escucha, levanta apenas la cabeza de la computadora y sigue escribiendo.
En los escritorios del fondo dos de sus compañeros de trabajo se paran y saludan a la mujer con besos y abrazos. Le preguntan cómo está, si está bien en la nueva área. Le dicen que siempre se acuerdan de ella, de una torta de limón que hacía ella para los cumpleaños.
La mujer se apoya en uno de los escritorios que hoy están vacíos.
Bien, dice. Contenta. Pero los extraño.
Está distinto el boliche, sigue.
Después pregunta por alguna gente, dice que pasa en cualquier momento, que tienen que ponerse de acuerdo para salir a tomar algo uno de estos días y se va haciendo sonar los tacos.
Ella la mira.
Piensa que las mujeres de más de cuarenta y cinco que trabajan en el edificio parecen mucho mayores.
Las oficinas públicas adelantan la menopausia, le parece.
¿Quién era?, le pregunta a Iván, que acaba de servirse las últimas gotas de café.
Ah, Julia. Trabajaba acá pero hace unos meses la pasaron de área después de una licencia larga. Buena mina. Un poco enroscada. Pero estuvo bastante enferma, pobre.
Ella no dice nada. Mira la jarra de café vacía y sigue escribiendo en la computadora.
A su escritorio le falta el cajón de arriba.
Hay una crema de manos, un paquete de mentitas que le regalaron, un mouse que no funciona. Abajo, asoma el pilón de hojas borrador.
Lo saca. Pasa la primera al final. Lee.

De: María Santos <marisantos234@hotmail.com>
A: Leandro Kühl <lekuhl@yahoo.com.ar>
Fecha: 25 de julio de 2009
Asunto: qué hacer

Leandro:
¿Vos pensás que soy yo la que me tengo que ir?
Te hacés el boludo cada vez que te lo pregunto, así que pienso que si te lo escribo a lo mejor me contestás. ¿Viste lo que me dijo ella el otro día?
Pero ahí tira los sobres de papel madera y los pasajes. Y acá todo el mundo sabe todo. Y es peor, mucho peor porque ella no dice nada y entonces todos saben aunque no sepan. Sabemos quiero decir. Vos me entendés.
¿Y si yo me voy entonces qué?

De: María Santos <marisantos234@hotmail.com>
A: Leandro Kühl <lekuhl@yahoo.com.ar>
Fecha: 27 de julio de 2009
Asunto: hoy

A las 5 en el de Paso y Córdoba.
No tardes que no me gusta esperar justo ahí en la puerta. 

¿No te toca a vos hacer el café?, escucha.
Sabe que no, pero también sabe que todavía es la nueva.
Tira las hojas en el cajón y camina hasta la mesita.

Leer Archivos temporales (II)

Archivos temporales (II)

Ella es de las que llegan temprano a todos lados. Un caso particular de la impuntualidad, piensa.
También es de las que se levanta más temprano que todos. Hay alguna cosa en los sitios habituales cuando están deshabitados que la hacen sentir cómoda. Más cómoda, siempre, cuando no hay nadie.
El trabajo nuevo está dividido en dos oficinas inmensas.
Internamente las llaman Ala A y Ala B. El Ala B, donde está su escritorio, es un poco más chica.
Captura de pantalla 2013-08-17 a la(s) 18.48.27El lunes, casi cuarenta minutos más temprano que todos, no puede encontrar el interruptor de luz. Se acuerda de que alguien, el viernes mientras movían los muebles de lugar, lo mencionó para no ubicar nada encima, pero no puede acordarse de dónde estaba.
Enciende la computadora. Esa luz debería alcanzar. Además de lo poco que llega desde la ventana del ala A. No es un a oscuras completo.
Mientras todo arranca se levanta, busca el termo, pone yerba en el mate, vuelve al escritorio.
Abre el cajón, donde guardó un sobrecito de azúcar que le va a poner al primero.
Mira arriba del otro mueble, donde quedó la caja de cassetes vírgenes que nadie se decidió a tirar.
Saca las hojas.
Lee:

De: María Santos <marisantos234@hotmail.com>
A: Leandro Kühl <lekuhl@yahoo.com.ar>
Fecha: 22 de julio de 2009
Asunto: Julia

Leandro:
Julia está muy mal. Te pido que hables con ella pronto. Yo no la vi pero me lo contó Iván esta mañana. Creo que así no da para más pero no sé qué hacer con eso. Me prometiste que te ibas a ocupar. Yo no le creo nada a ella, pero a Iván sí.
Fijate lo que te dejé en el último archivero, atrás de la carpeta.
Espero tu respuesta.

La sobresalta la luz del ala A y la voz de alguien que dice Buen día.

Leer Archivos temporales (I)