Dos poemas de nieve

que te haya convertido
en mi Dios
es la única manera
de perdonarte
cada vez

***

Compulsión de lo implícito:
black ice dolor
en el contorno nevado
de la lluvia

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There´s a problem with your name

El problema de las señales es que no se sabe qué es lo que indican.
Por ejemplo: ¿Qué quiere decir que en el puesto de migraciones de Ezeiza esté sonando, suficientemente fuerte, Yira yira?
2013-09-28 18.21.55¿Y que la ventanilla que te toca para hacer el trámite sea la número 17?
O: ¿Cómo debe interpretarse un arco iris, en medio de la llovizna, a través de la puerta de preembarque?
¿Y que te equivoques y te sientes en el 25A en lugar del 24A que es el que te tocaba?
Antes de despegar, ya en el avión, una señora mayor habla por celular. Hace cuatro llamados al hilo. A todos les dice lo mismo: que los quiere más que a nadie en todo el mundo. Le pasa la lista de todos los que quiere. Les aclara por qué están al tope de esa lista. Y que está borracha. Mamada, dice. “Estoy un poco mamada y ya sabés que cuando estás mamada sólo podés decir la verdad”. Pienso que podría discutirle: no hay mejor mentiroso que un borracho. Que una borracha.

El vuelo transcurre sin problemas y llega a mi escala en Nueva York veinte minutos antes.
Veinte minutos antes es veinte minutos antes de las 6 AM.
Y en Nueva York, la oficina de migraciones abre a las 6 AM así que esos veinte minutos que ganamos tenemos que volver a perderlos esperando en el avión.
Yo despliego en mi cabeza todos los pasos que tengo que seguir ahora, como si fuera posible olvidarme de uno: migraciones, levantar la valija, buscar la puerta para la conexión, dejar la valija.
Llegar a tiempo en las dos horas cuarenta entre vuelo y vuelo.
Cuando por fin bajamos del avión y llegamos a migraciones se nos interpone en la fila un vuelo lleno de japoneses.
La chica, delante mío, dice que de todos modos no se pueda hacer mucho en Nueva York a las seis de la mañana y yo le cuento que estoy en tránsito.
Se ríe y charlamos, como se charla con los desconocidos en el aeropuerto.
Me cuenta que suele tener problemas en migraciones: Debo parecerme a una terrorista famosa, dice.
La cola avanza y seguimos hablando.
Una vez, me cuenta, en la oficina esa a la que te llevan, veo a un tipo que me resulta conocido. Tardé en darme cuenta de que era Gilberto Gil. Era la época en que era funcionario de Lula, ministro de Cultura. Pero me dijo que lo paraban siempre porque hacía veinte años le habían encontrado marihuana.
Yo me río. Le digo que por lo menos tiene una historia que contar.
Me río, hablo con ella y miro el reloj.

Me toca la ventanilla 7 y pienso que es una señal.
Extiendo el pasaporte, la declaración jurada. Y entonces el tipo me saca la foto, me hace apoyar los dedos.
Y me dice que tengo que acompañarlo a la oficina.
Tiemblo. Le pregunto qué es lo que está mal.
There´s a problem with your name, responde.
En la oficina hay dos personas más. Miro la hora. No está Gilberto Gil, ni Toquinhio, ni Caetano. Los minutos pasan. No son muchos pero tienen esa manera de pasar de las esperas.
Me llaman a un escritorio. Me preguntan muchas veces el nombre y el apellido y qué vengo a hacer a Estados Unidos.
A hacer migraciones y seguir vengo.
Me dejan pasar. Algo marcan en el pasaporte o en el formulario, pero de eso me doy cuenta después, cuando me revisan de todas las maneras posibles, tecnológicas y de las otras.
De paso me abrieron la valija, pero parece que está todo.

2013-09-29 08.13.56Miro la hora y corro por los pasillos.
Pero llego con tanto tiempo a la puerta 31C que me parece un chiste.
El segundo vuelo me deja en Montreal on time.
Paso migraciones sin ningún problema, aunque la visa que tiene que decir Visitor está mal hecha y dice Business.
Recojo la valija.
Mi amiga, que tenía que venir a buscarme, no está del otro lado de la puerta.