En gris

Captura de pantalla 2013-10-18 a la(s) 00.56.45Está sentado cuando entro y tiene una foto en la mano.
Es una de esas fotos antiguas, en blanco y negro, o ya casi en gris, con el recuadro en blanco y ese ribete irregular.
La veo cuando paso para sentarme: la imagen tomada de lejos, con varias personas posando, como si quisiera ser una panorámica. Pero no.
Quedo sentada de espaldas a él. En mi mesa hay mucha gente que conversa, mucho ruido, platos y vasos y cubiertos que se chocan.
Yo trato de escuchar de qué habla el hombre de la foto, en la otra mesa.
Me acomodo. Intento, estiro el cuello levemente hacia atrás.
Cada tanto giro levemente a la derecha, busco la cartera que cuelga de la silla, agarro el celular y hago como que leo un mensaje.
Pero miro.
Hay otro hombre en la mesa de atrás, a la derecha del primero.
El tipo le pasa más fotos al que está de espaldas a mí.
En silencio, o eso me parece.
Pero entonces muevo la silla, o me acomodo, o me doy vuelta.
Y el hombre que mira las fotos me ve, me clava los ojos.
Después levanta la imagen que está mirando, como si quisiera que yo la viese.
Es una foto con tres personas, dos hombres y una mujer, también en gris, expuesta solamente para mí.
Hay dos hombres que miran una foto en gris con dos hombres y una mujer.
Y eso es todo.

Fotos

2013-08-12 17.34.08Es así:
Hay sesenta personas y las familias de las sesenta personas.
Es decir, hay unas doscientas cincuenta personas en total.
Hay una primera fila, al centro, reservada para los profesores.
Los profesores somos pocos y además somos menos de los que deberíamos ser.
Yo llego antes. Antes todavía del antes acordado para los que ocupamos la primera fila.
Hay una alumna que me corre, antes de entrar, llegando a la esquina. Me abraza, me dice que estoy siempre igual. Y siempre con botas negras. Yo me río mientras pienso que no me acuerdo su nombre.
El escenario donde están ordenados los diplomas, por apellido y por comisión, es demasiado bajo, casi parecido a una tarima. En el centro, pero apoyado en el piso hay un florero con lirios que alguien creyó que vestirían el lugar en vez de volverlo todavía más deprimente.
Los profesores entran, me saludan, me hacen chistes cómplices sobre tal o cual cosa; los alumnos se me acercan, me besan, se ríen, me presentan a los padres, a los hijos y yo sonrío y digo tanto tiempo y felicitaciones y encantada.
Después viene el acto, las listas, los apellidos. La confirmación de que en pocos casos puedo unir cara con nombre.
Y las fotos.
Las fotos grupales.
Y las otras fotos: junto a un alumno, a su hermana, a su marido, a su mejor amiga.
Las fotos en las que aparezco, en las que voy a aparecer y no sé que me sacaron.
Las fotos que no me significan nada o en las que no significo nada.
Las fotos que adornarán un muro en facebook, una repisa, las que se adjuntarán a un mail con subject “Diploma”.
Fotos sobre las que no tengo control: en las que no sé quién soy, con quién estoy, la esposa de quién sacó.
Fotos mías, fuera de mí.